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La alimentación
Para hacer cicloturismo y disfrutar con nuestras salidas no es imprescindible una súper alimentación, pero si sabernos alimentar correctamente.
Nuestro cuerpo para tener un funcionamiento óptimo, además del entrenamiento y de la preparación física adecuadas, necesita una dieta equilibrada y variada, cuanto más lácteo-vegetariana mejor; con sustancias de procedencia natural, lo menos posible manipuladas y evitar los excesos de sal, azúcar, conservas, grasas, alcohol, bebidas estimulantes, tabaco...
Así como cuidamos la bicicleta, hemos de cuidar también nuestro organismo. Vigilar la alimentación, ya que mediante esta aportamos la energía necesaria al cuerpo para su mantenimiento y tener siempre en cuenta que los excesos en la comida, y las comidas pesadas y grasas -incluso cuando practicamos deporte- son bastante más perjudiciales de lo que nos creemos.
Nuestra alimentación ha de ser variada y equilibrada cualitativa y cuantitativamente, natural y personalizada.
Hemos de cubrir nuestras necesidades energéticas para mantener la actividad física que queremos desarrollar.
Hemos de tener en cuenta la digestibilidad de los alimentos y, especialmente, hemos de hacer un repartimiento correcto a lo largo del día. Dos semanas antes de las salidas más importantes podemos aumentar nuestra ración de hidratos de carbono, ya que así nos aseguraremos un mejor rendimiento.
No hemos de hacer nunca cambios importantes en la alimentación unos cuantos días antes de salidas de largo recorrido. Los extras, los hemos de introducir durante el entrenamiento, y nunca hemos de jugar con nuestros hábitos alimentarios, ya que la más pequeña equivocación se paga inmediatamente con incomodidades. El más frecuente de los problemas digestivos suele ser la diarrea, a causa de errores dietéticos, o a bebidas gaseosas o demasiado frías.
La comida antes de cada salida ha de ser fundamentalmente ligera con abundancia de hidratos de carbono y alimentos fácilmente digeribles y asimilables. Las mejores vitaminas son las naturales, ya que vienen equilibradas juntamente con otras sustancias y minerales que facilitan su aprovechamiento. Hemos de comer bastante fruta fresca y verduras. No se ha de esperar nunca a tener sed para empezar a beber. Es indispensable reemplazar rápidamente los líquidos perdidos durante el ejercicio prolongado, así como las pérdidas de potasio, sodio y magnesio. Las aportaciones de agua, con sales minerales y vitaminas, a nuestro organismo han de ser frecuentes y en pequeñas cantidades, sin ser esta ni muy fría ni muy caliente. En condiciones de vida normal (sin esfuerzos excesivos) una alimentación bien equilibrada nos aporta la sales minerales suficientes. Pero durante el esfuerzo, especialmente si este es prolongado, pueden aparecer pequeños déficits. El deporte, un soporte nutricional adecuado y una vida sana mejoraran indudablemente nuestra calidad de vida y nuestra capacidad de rendimiento.